Reflexión para el presente de este blog

Hace más de cincuenta días que no publico nada en este blog. Curioso: ahora que estoy pagando un hosting y un dominio estoy dando vueltas para sentarme ante la computadora y enfrentar el teclado. No se trata de un simple “bloqueo”, sino a una conjunción extraña de indisciplina, sobrecarga laboral y cansancio. Creo que lo último es un estado general de la sociedad actual, como señala el filósofo Byung-Chul Han. No obstante, en otros momentos de mi vida (y en otros blogs), en situaciones similares me hice tiempos para escribir y publicar, o cuando menos revisar mis publicaciones anteriores, actualizar la plantilla, etc. Lo que ocurrió desde hace cincuenta días es algo diferente: es una ausencia.

¿Cuáles fueron las razones de esa ausencia? ¿Simplemente “demasiado trabajo”? ¿Se trató de que “estaba muy cansado”? Creo que hay algo mucho más profundo, que al relacionarse con la dirección que tomará este espacio digital, vale la pena plantear.

En primer lugar he revisado de forma muy concienzuda mis postulados teológicos. No puedo negar que siempre fui un un ecléctico: aprendí teología de forma autodidacta desde mucho antes de ingresar a la carrera de grado de Historia en la Universidad Nacional de Luján. Quizás es por eso que soy reluctante a permitir que otros me digan qué y cómo leer, qué y cómo pensar, y (mucho peor) qué escribir. Desconfío de las “escuelas” y de los “grandes paradigmas”. Prefiero la paciente lectura, la lenta y cuidadosa confrontación de autores, el tacto de las hojas, el perfume de un libro añejado en las estanterías, en los lomos con una fina capa de polvo… Las nuevas tecnologías potenciaron mis hábitos lectores.

No soy un heterodoxo (aunque algunas personas afirman que lo soy), pero si un ecléctico, porque ἐκλεκτικός es precisamente, “elegir lo mejor”. En ese “elegir lo mejor” fue conociendo y profundizando en la Ορθοδοξία.

Estas últimas semanas integré mi trabajo con la reflexión y la oración. Me pregunté si valía la pena seguir construyendo este espacio que he llamado Documenta Theologica. Ahora, si armé este nuevo sitio es porque deseaba diferenciarme de lo que escribí antes, al mismo tiempo porque me gusta expresar mis ideas, compartir mis reflexiones teológicas e históricas y mis lecturas, pero haciéndolo con mayor libertad, y sobre todo, como un acto de fe, porque, como señaló Lucretia Yaghjian, escribir es mucho más que un acto de fe, es la fe en acción.1

Es interesante señalar que tuvimos que esperar hasta la aparición de la Radical Orthodoxy para recordar que la teología debe ser, no una mera especulación, sino la madre de las ciencias, de toda forma de conocimiento, el punto central del cual las demás pueden emanar y cobran sentido. En efecto, el conocimiento humano sólo puede ser conocimiento en la medida de que se encuentra iluminado por la Verdad Divina, expresada εξ’ ἀρχής λόγος, en la Escritura.

Bienvenidos, entonces, nuevamente, a este espacio dónde somos libres para preguntarnos y reflexionar sobre y desde la Biblia, la Historia, la Iglesia y Dios.


Notas

1Yaghjian, Lucretia, Writing Theology Well: A Rhetoric for Theological and Biblical Writers, Londres, T&T Clark, 2015, p., 17.

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