El jardín y la soledad, apuntes sobre Thomas Traherne

Cuando llegué al campo, y estando sentado entre árboles silenciosos, tuve todo mi tiempo en mis propias manos, resolví gastarlo todo, costara lo que me costara, en la búsqueda de la felicidad”, así escribió el sacerdote del siglo XVII, filósofo y poeta Thomas Traherne. Este brillante escritor y pensador reconoció algo especial: el tiempo que pasó apartado, tranquilamente en un jardín o en la naturaleza, abrió su mente a un nuevo nivel de conciencia.
Un jardín, un espacio verde seguro, al calmar las funciones del cuerpo y reducir el estrés, abre la mente para ser más consciente de todas las cosas. Traherne entendió esto tras la excelente educación en Oxford; cuando se sentó tranquilamente bajo un árbol en el campo y se dio cuenta de que su alta educación había omitido tanto. En este punto resolvió dedicar su tiempo a buscar la felicidad y la parte de Dios en esto. Su mente se abrió a un nuevo comienzo, una apertura de la mente que ninguna cantidad de aprendizaje profundo en un entorno ocupado podría revelar.
La soledad en un jardín es una de las formas más bendecidas y nutritivas de pasar el tiempo. Muchos pueden dar testimonio de un despertar o de la sanación que tuvo lugar en un jardín. Pero es importante entender el significado correcto de la soledad en este contexto. Se trata de tener una mente clara, abierta y despejada por medio de la lejanía, de estar lejos de las distracciones. Esta es la soledad de la que habla Thomas Traherne, la misma que nos permite sentir la presencia de Dios.

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