Naturaleza – Ralph Waldo Emerson

Abordé demasiado tarde la obra de Ralph Waldo Emerson. Cuando era un escolar, mi profesora de literatura nos lo mencionó (al igual que a Walt Whitman) pero pasaron años hasta que de casualidad llegué a la hermosa edición de Naturaleza realizada por Nordica Libros. Una edición cuidada y lujosa que invita al lector a seguir el ritmo del genio americano. Una versión preliminar pueden consultarla y descargarla en este enlace.

Una edición digital completa la pueden descargar aquí.

Emerson es de esos pensadores que intentaron llegar a una “teoría del todo” y por eso mismo me parece admirable, aún cuando no comparta su sistema de creencias.

En Naturaleza , Ralph Waldo Emerson se propone crear una nueva teología. Declara que es hora de que el hombre moderno rompa con las ideas del pasado y formule sus propias filosofías. Se propone así, pintar un cuadro del todo. A veces su visión puede parecer críptica o difícil de imaginar. Sin embargo, crea los contornos de un sistema de pensamiento coherente.

Aunque a veces es confuso en cuanto a su significado exacto, Emerson describe un mundo donde la espiritualidad es de suma importancia. El espíritu que fluye a través de las personas en realidad crea el mundo externo. La materia que vemos a nuestro alrededor es una creación de la mente y el alma humanas. Las personas alguna vez fueron más grandes, pero han perdido un poco el contacto con la espiritualidad y la naturaleza, y por lo tanto han disminuido en relación con el mundo que nos rodea. Los invito a detenernos y reflexionar sobre el siguiente párrafo:

“El hombre es el enano de sí mismo. Alguna vez, el espíritu lo impregnó y lo solubilizó; colmó entonces a la naturaleza con sus desbordantes correntadas. De él surgieron el sol y la luna. Del hombre, el sol; de la mujer, la luna. Las leyes de su mente, los períodos de su actividad se exteriorizaron en el día y la noche, el año y las estaciones. Pero una vez que hubo construido este gigantesco caparazón para sí, sus aguas se retiraron; ya no llena ahora las venas ni los pequeños vasos sanguíneos; se ha resecado hasta reducirse a una gota. Nota que la estructura por él creada todavía le cuadra, pero de una manera colosal. Digamos mejor que una vez le cuadró, y que ahora le corresponde desde lejos y desde lo alto. Venera tímidamente su propia obra. Ahora, el hombre sigue al sol, la mujer a la luna. Sin embargo, a veces sale de su sopor y se maravilla de sí mismo y de su morada, y musita extrañas cosas acerca de la semejanza entre él y esta. Percibe que si su ley sigue siendo suprema, si él cuenta todavía con poder elemental, si su palabra aún es excelsa en esencia, no es un poder consciente, no está por debajo sino por encima de su voluntad. Es instinto.” Así me cantó mi poeta órfico.

Al leer este trabajo, uno se sorprende por lo exuberante que fue Emerson sobre la creación. El hombre amaba absolutamente la existencia. La virtud y el bien están entretejidos en el tejido de la realidad.

Emerson dedica páginas y páginas a la redentora y sublime conexión entre las personas y la naturaleza. Critica tanto a la ciencia como a las antiguas religiones por separar de forma antinatural a la humanidad de lo espiritual y lo natural. Hay implicaciones de que la adoración de un Dios patriarcal en lugar de apreciar las maravillas del mundo natural ha sofocado nuestra existencia. Eventualmente concluye que una vez que los humanos hayan liberado sus pensamientos de creencias tan rígidas, las personas lograrán una influencia asombrosa sobre su entorno y se logrará un paraíso en la Tierra.

Todo este filosofar se logra con una prosa que a menudo es tan elevada como poética. Los lectores de Walt Whitman o Henry David Thoreau notaran la enorme influencia del genio de Emerson en estos y otros tantos autores americanos, e incluso en algunas religiones surgidas en los Estados Unidos, por algo se lo considera uno de los fundadores del llamado “Nuevo Pensamiento”.

No puedo decir que estoy de acuerdo con gran parte de la visión práctica del mundo de Emerson. Sin embargo, su entusiasmo y optimismo sobre la vida, así como el mundo que nos rodea, es inspirador y contagioso.

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