Una liturgia donde no está Dios

El sábado estaba muy contrariado por algunas cuestiones que hacen a mi práctica religiosa y mi “compañerismo cristiano”. No quiero ahondar al respecto, porque lo importante es que fui a mi casa y luego de coordinar algunas cuestiones menores, con mi esposa tomamos el auto y manejamos 100 km hasta Suipacha, de allí, luego de pasear unas horas fuimos a Chivilvcoy, dónde reservamos en un hotel para pasar la noche y fuimos a finalmente a recorrer la ciudad. Naturalmente no pudimos evitar ingresar al templo parroquial.

Debo decir que me impresionó el ambiente de piedad que había en el ambiente: la decoración no sólo era la adecuada, sino en la dosis adecuada para la vigilia de Pentecostés. La gente estaba en silencio respetuoso, en las bancas, atentas al servicio. Algunas personas tenían un rosario en sus manos, otros escuchaban el desarrollo de las lecturas y en lugar de moverse como locos para parecer simpáticos por la llegada de dos extraños, como mucho nos dirigieron una sonrisa y luego pusieron atención a lo que realmente importaba: el culto.

Ahora bien, esto que estoy describiendo es algo poco frecuente, pero, para mi sorpresa cada día se nota más. ¿A qué se debe que más y más comunidades de fe re-descubran la liturgia y el orden en el servicio? ¿Se trata de un simple arcaísmo o, por el contrario, de una verdadera conversión? Y aquellos grupos de carácter pentecostal ¿son conscientes que a pesar de sus explosiones de fieles, cuando se analiza su evolución histórica, tienen el problema que pierden tantos o más fieles que los que se incorporan? Ejemplos denominacionales sobran: parroquias católicas romanas, iglesias metodistas, iglesias pentecostales, anglicanos y recientemente, las iglesias sabatistas caen en lo mismo: Rock Valley Christian Church, (una iglesia del séptimo día, con una fuerte tradición basada en la peculiar teología de Herbert W. Armstrong) es un ejemplo de ello: los nuevos fieles apenas llegan a remplazar a los que se van; después del furor inicial y el derramamiento de sentimientos queda un vacío que las guitarras eléctricas, los bajos, la batería o las manos levantadas y los ojos cerrados no pueden llenar. Son reuniones de amigos, de compañeros o conocidos, pero no un culto cristiano. No hay separación entre lo sagrado y lo profano, y por consiguiente, no se trata de una religión, sino de un club con un buen número musical.

Viene a mi memoria la definción que da del acto litpurgico Mircea Eliade: en ella el creyente

Se dice que la liturgia expresa la fe. Entonces ¿Qué fe es la que se expresa en esas adoraciones contemporáneas? ¿Qué tipo de adoración es esa que es irreverente? ¿No es acaso un oxímoron? Curioso… Isaías 6:2 dice que los ángeles se cubren el rostro ante Dios, pero en las reuniones modernas no hay reverencia alguna, quizás porque no está Dios ahí, y son conscientes de ello.

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